Texto: Eduardo Tébar
Juan Rivas: "Sería gracioso presentarme a Eurovisión"
Juan Rivas es un gallego poco convencional: en la lluviosa ciudad de Vigo compone canciones soleadas, de playa tropical y felicidad radiante. A principios de esta década sorprendió a crítica y público con su propuesta afro-latina, aplicando sin pudor programaciones sintéticas a los boleros de Machín o a la tradición de la bossa brasileña y del boogaloó. Ahora irrumpe en escena con traje de etiqueta lounge mientras reivindica el pop ye-yé de los sesenta en 'Mundo feliz'.
- Leo los títulos de su disco: 'Qué maravilla', 'Un mundo maravilloso', 'Mundo feliz'... ¿Qué le produce tanta euforia?
- A veces, uno se ríe por no llorar. El caso es que, cada vez más en este mundo extraño, la gente se pierde en su particular búsqueda de la felicidad. Yo procuro reconocer y no dejar pasar por alto esos pequeños detalles que me hacen ser o sentir feliz.
- Un trabajo lleno de 'la-la-lás' y muy colorido. ¿Se ve en Eurovisión?
- No. Hace muchísimos años que Eurovisión dejó de ser musicalmente interesante. Aunque, pensándolo bien, sería algo gracioso presentarme este año. No sé, tal vez el que viene.
- Sin embargo, la gran triunfadora española del festival ha colaborado con usted, ¡al tiempo que una publicación nos recuerda que Massiel también cantó a Bertolt Brecht!
- Con Massiel me sorprendí hablando de Burt Bacharach, Dionne Warwcik, Dusty Sprinfield o Shirley Bassey. Deberían encerrarla en un estudio de grabación con músicos y un buen compositor. Es una gran intérprete.
- Se lanza al pop ye-yé con tintes de bossa y boogaloó. ¿Quedaron atrás las bases electrónicas de aquel joven gallego que le susurraba a las morenas?
- No. Muchas maquetas eran con bases y ritmos drum&bass, jungle o house. De hecho, he recuperado estos ritmos para los nuevos directos con un set más electrónico.
- Y en esa apuesta por los sonidos orgánicos, ¿dónde quedó su flamante banda, Donatore Di Groove?
- Mi productor y yo buscamos hacer algo que no hubiésemos hecho antes, que era grabar con una banda al uso. Donatore tenían ciertos gustos por lo 'sixtie'. Han sido la banda para 'Mundo Feliz' y conciertos de presentación del disco. Ahora seguimos a nuestro aire cada uno por nuestro lado, si bien es cierto que le dieron un toque con su particular sonido. Para el nuevo disco que estoy preparando, y nuevas actuaciones, retomo la electrónica como parte importante.
- Cuando todo el mundo reivindica la Movida, usted saca del baúl de los recuerdos el olvidado soul-pop español de los sesenta.
- Escuché algo de música americana, de Burt Bacharach a Cole Porter, pasando por Firth Dimension o música de la Motown, Beatles o Rolling Stones. Eso me condujo de nuevo a la España de los años sesenta y setenta, mucho más activa e inspirada de lo que pensábamos, y a hacer nuevas valoraciones desde otra perspectiva.
- ¿Cree que en esta era de internet, en la que las canciones se pueden catar gratis, se están eliminando prejuicios sobre la generación de conjuntos como Los Ángeles, Los Canarios o Los Huracanes?
- Es que es increíble, pero todo lo que estaba del ochenta hacia atrás simplemente fue barrido e ignorado por músicos y críticos, y hay verdaderas maravillas en cuanto a interpretación y composiciones. Augusto Algeró, por poner un ejemplo, me parece uno de los compositores con mayor nivel internacional.
- Precisamente, en su particular 'Cuéntame' aparece un lujoso arreglista de la época, Eumir Deodato, responsable de algunas maravillas de Frank Sinatra o Antonio Carlos Jobim...
- Bueno, a Eumir no se le puede acotar sólo a una época, ya que ha trabajado con grandes artistas de todas las décadas. Estamos ante un gran maestro. En los sesenta arregló discos de Jobim o Marcos Valle. También trabajó para un disco de Frank Sinatra, y en los setenta hizo arreglos para 'Killin' my softly' de Roberta Flack. Ganó un Grammy con 'Así habló Zaratrusta'. En los ochenta fue productor de Kool & The Gang, del hit 'Celebration', y de 'Come on hielen', de Dexys Midnight Runner. En los noventa arregló el 'Post' de Borjk. Fíjate, ha pasado el tiempo y aún perdura mi felicidad por este hecho. Me siento afortunado. Contacté con él a través de internet, le envié canciones de mis discos y alguna maqueta, y luego le envié un dossier de prensa a su casa de Nueva York.
- Otro que interviene en 'Mundo feliz' es Germán Coppini, del que usted se declara alumno. ¿Revivió el cosquilleo en el vientre de la adolescencia?
- Él y Auserón son mis grandes ídolos de cuando tenía 16 años. Lo recuerdo como uno de los momentos más emotivos en mi discografía. Hay cosas que no se aprenden en escuelas de música y que son difíciles de explicar. La sensibilidad, por ejemplo. Aprendí muchísimo observándolo grabar. Con él, Nacho Mastretta y Massiel.
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