Texto
y fotos: Juan Jesús García
Cesaria Evora: la tristalegría
La cantante caboverdiana ofreció el segundo 'concierto solidario' de Cajagranada.
El segundo de los conciertos solidarios con los que Cajagranada se estrena como promotora de espectáculos culturales trajo a Granada a la sin igual cantante caboverdiana Cesaria Evora. Con ella entra el programa 'Concierto solidarios' entra en una fase ya conocida habida cuenta de que los próximos nombres que nos visitaran lo han hecho en varias ocasiones, y los menos vistos, como la diva griega Eleftheria Arvanitaki o el argelino Cheb Khaled, no pasarán por Granada. Como ocurriera anteriormente con Noa, Cesaria Evora colgó nuevamente el cartel de no hay entradas en el Palacio de Congresos. En la presentación de esta actividad el director de la obra social de la Caja Pepe Moreno Sarmiento recordó el compromiso de la entidad con los proyectos solidarios dentro del programa 'Ayuda a los que ayudan'. Feliz de participar en este tipo de iniciativas, que se suman a su ayuda a los niños caboverdianos (financia dietas escolares como método para que los chicos acudan a la escuela), la 'diva descalza' dejó en Granada uno de los conciertos más hermosos de esta temporada.
La llegada de Cesaria Evora sirvió a más de uno de excusa para abrir el atlas y recordar dónde está el archipiélago de Cabo Verde. Una vez localizado, en medio de ninguna parte, es fácil comprender como de esas islas puede salir tanta tristeza, esa saudade con sabor salitre que imprime carácter taciturno incluso en los momentos más animados. Sin embargo, aunque su voz se haya macerado en infinitos dolores y su dulzura sea tan amarga como la vida en su isla, el concierto que presenta no es una sucesión de penalidades cantadas, sino una suerte de tristalegria absolutamente arrobada.
Cesaria es un personaje impar en el mundo de la música. Plantada, y nunca mejor dicho, en el centro de un gran espectáculo de diseño europeo, ausente y ajena a la farándula técnica y humana que la rodea, su imagen despierta una gran ternura. Tan ajena al mundanal ruido vive que nada más terminar la rueda de prensa de presentación de su concierto cruzó la calle y ante la sorpresa de propios y extraños se metió en un Todo a cien para hacer unas compras. Recortándola imaginariamente del gigantesco portal de belén que es el escenario del Palacio de Congresos es fácil verla en alguna taberna portuaria de Mindelo cantando desde una esquina por unas monedas o unos tragos. El mundo cambia alrededor suyo, pero ella parece sobrecogedoramente inmutable. Sin embargo no es impermeable a las tragedias humanas: " los atentados de Madrid me han cogido en España y los he sentido muy cercanos y muy desde dentro; yo siempre estoy frente al terrorismo y las guerras, que tristemente son dramas que se escapan de mi control" aseguró ante los medios de comunicación.
La instrumentación completamente natural (todo madera, cuerda, viento y cuero) respeta la sentimentalidad de su música, emocionante hasta el suspiro: si alguien no se encoge, por ejemplo con 'Isolada', con la que comenzó, es que es de piedra. Pero junto a momentos tan intensos, en Cabo Verde también hay días de asueto, reflejados en la animosidad casi bailable de 'Velocidade', con la que terminó, pura verbena o boda mecidas con vientos transoceánicos. Contando con un impecable grupo reducido esta vez a septeto recortado en vientos, Cesaria alterna sobre perfiles brasilusitanos, senegaleses y caribeños. Puntos de vista que surten de diversos motivos a sus últimos conciertos, que como su reciente disco ha regresado tras algunos experimentos rítmicos a las mornas de los días laborables y las coladeiras de fin de semana y fiestas de guardar. La obligatoria `Sodade´ resalta entre un continuo cambio de dinámicas en las que la untuosidad de la cuerda suaviza melosa la vivacidad del cavaquinho o los punteos lisboetas de guitarra sintetizada, con momentos ocasionales de charanga cubana y hasta fugas improvisadas hacia el jazz por parte del saxofonista. 'Angola' fue otra de las clásicas de su repertorio, al lado de buena parte de 'Voz d´amor', y entre ellas el bolero-cha 'Beijo roubado' con ambientación afrancesada. Echamos de menos otras como 'Miss Perfumado', 'Linda mimosa' o el 'Tiempo de silencio' que cantó en su momento con el ubicuo Pedro Guerra, pero a diferencia de sus últimas visita este ha sido el más tradicionalista de sus tres conciertos aquí.
Cizé, como la llaman los amigos, se sienta y echa su pitillito, en una escenografía deliciosa de cafetín parisino, silla y mesa camilla; apenas un cambio de registro en una mujer prácticamente impedida para otros movimientos. Toma humo -que en todos los trabajos se fumaba antes de la invención obligatoria de las smoking room´s- y bebe coqueta una copita de vino antes de regalarnos un bolero mejicano, un 'Bésame mucho' adolescente (la compuso Consuelo Velázquez con 16 años) con la dicción cantinera con la que lo interpretaba antaño en las madrugadas de su pueblo, y que cantada por una septuagenaria aumenta hasta el infinito toda su potencia amorosa. Llegados a este punto algunos ojos brillaban ya más de lo normal entre el público.
Como a algunos de sus amigos cubanos (hizo un dúo con Compay Segundo) el éxito mundial se cruzó en su vida a la edad de jubilarse, pero aún a tiempo para que pueda disfrutar regalándonos su emotividad doliente, su voz descalza, y su hiperexpresiva inmovilidad. Y cuando 2000 personas aplauden de pie a la vez, es que se trataba de un concierto de los que se clavan en la mitad del corazón.
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